Por Berona
Tienen razón los militantes de la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción o, en criollo, los Gandalf del Sur: hay una confabulación para mantenernos entretenidos con cualquier cosa, discutiendo en las redes con bots inhumanos sembrados como si fueran maíz; divididos y paranoicos para que perdamos de vista que no solo vienen por nuestros recursos naturales, sino y principalmente también por nuestro libre albedrío y derechos.
Nos quieren distraídos. Es el mejor estado en el que podemos estar mientras firman resoluciones como la 1115/2026 del Ministerio de Salud, publicada el 24 de agosto de 2026, que “aprueba el Plan Nacional del Trastorno del Espectro Autista (TEA)”. Parece broma, pero es cierto.
Esta nueva norma, que en un contexto donde la discapacidad no estuviera completamente abandonada, con una ley aprobada varias veces y que el Gobierno nacional se niega a cumplir de manera inconstitucional, y en el que además ARCA no gira los fondos de nuestros aportes a la Superintendencia de Salud para que pague las prestaciones de junio y, en algunos casos, de mayo, podría ser celebrada. Pero hoy suena más a una nueva maniobra distractiva para tapar todo lo antes mencionado, que es una realidad acuciante para miles de familias que no sabemos qué va a pasar con la salud y calidad de vida de nuestros hijos que requieren de apoyos especiales y esenciales para vivir.
Este programa, que muy ambiciosamente establece seis grandes ejes, que van desde promoción y prevención; formación y capacitación; apoyo a personas con TEA y sus familias; investigación, innovación y sistemas de información; coordinación intersectorial; y diagnóstico epidemiológico, también es un programa que nace sin presupuesto. Porque la medida no implica una erogación presupuestaria para el Ministerio de Salud. Entonces, ¿cómo quiere ser y hacer todo lo que promete? Como si la implementación de este o cualquier otro programa no necesitara financiamiento estatal.
Pero esta nueva tomada de pelo no queda acá. En el anexo se puede leer: “De acuerdo a datos de organismos internacionales, se estima que 1 de cada 160 niños en el mundo presenta TEA”. Por supuesto, no identifica qué organismo ni de qué fuente habla. Y si bien el dato no es inventado, porque la OMS lo ha utilizado como estimación mundial, solo en Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informaron que 1 de cada 31 niños de 8 años (el 3,2 %) fue identificado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), según datos de 2022. Esa cifra no puede extrapolarse automáticamente a la Argentina, pero muestra cuánto puede cambiar la estimación según fecha, población estudiada, metodología y criterios diagnósticos.
Y lo que queda en evidencia es no solo que no tenemos números sobre la situación en nuestro país. Deja expuesto que desde este programa no hay una intención real de abordaje serio de la problemática, sino más bien el cuestionamiento sobre la cantidad de diagnósticos, metodologías y abordajes en base a datos autóctonos de medición de prevalencia del autismo que no existen. Lo deja claro en el mismo anexo, en un texto que introduce una discusión sobre la expansión del concepto de “espectro”.
Argentina no tiene actualmente una estimación epidemiológica nacional sólida y actualizada de prevalencia de TEA. De hecho, la propia OMS aclara que las estimaciones varían considerablemente entre estudios y regiones.
Entonces, de nuevo: ¿Cómo puede un Plan Nacional de Autismo definir políticas públicas para Argentina si no sabemos cuántas personas con TEA hay en Argentina?
Nos quieren tener discutiendo sobre un plan que nace muerto. Con datos epidemiológicos globales y desactualizados. Sin presupuesto para implementarlo, por lo que no se puede ni dibujar un alcance real sin recursos adicionales…
Nos quieren distraídos, enojados por un programa imaginario mientras las leyes por las que luchamos y están pronto a vencer aún no se han implementado como corresponde.
Entonces, en honor a los Gandalf del Sur que se le plantaron al Ojo de Sauron mudado a Palermo, hagamos como los representantes de la Tierra Media de Tolkien y unámonos todos para luchar por nuestro derecho a vivir libres y dignos.