El licenciado en Psicología Jorge Avelleira participó de una entrevista con Juan Cruz en la que abordó distintos aspectos vinculados al trastorno del espectro autista (TEA), con foco en los niveles de apoyo, la detección temprana y el impacto que atraviesan las familias de personas con necesidades de asistencia sustancial.
Director de Autismo Infans y especialista en neurodesarrollo, Avelleira cuestionó algunas miradas instaladas en redes sociales y explicó que el autismo no puede abordarse desde generalizaciones.
“No es que hay un autismo de alto y otro de bajo funcionamiento. Es un error conceptual”, señaló. En ese sentido, explicó que actualmente se habla de niveles de apoyo porque cada persona requiere diferentes tipos de acompañamiento según su funcionamiento en distintos contextos de vida.
Durante la charla, destacó que los apoyos pueden mejorar la calidad de vida, especialmente cuando existen intervenciones tempranas y terapias adecuadas. “Una persona con autismo que recibe terapias indicadas en un tiempo temprano va a tener mejores perspectivas que una persona que no las recibe”, afirmó.
Avelleira remarcó además la importancia de la detección precoz y sostuvo que el período de mayor plasticidad cerebral es clave para estimular el desarrollo cognitivo y comunicacional. Sin embargo, advirtió que en Argentina no existen protocolos estandarizados a nivel estatal para que el sistema educativo pueda detectar señales de alarma de manera uniforme.
“Lo ideal sería que nación, provincia y municipio trabajen alineados en esto”, expresó al referirse al rol de las escuelas y los equipos de orientación escolar.
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la situación de las personas con requerimientos de apoyo sustancial o muy sustancial, mal llamadas con “autismo severo”, muchas veces invisibilizadas dentro del debate público sobre autismo.
Según explicó, entre el 35 y el 40 por ciento de las personas dentro del espectro presentan severas dificultades en la comunicación, discapacidad intelectual, alteraciones sensoriales o comorbilidades asociadas que requieren asistencia permanente.
“Estamos hablando de personas que probablemente no tengan lenguaje verbal y que no logren autonomía básica en las habilidades de la vida diaria”, indicó.
En ese contexto, el especialista también puso el foco en el desgaste que atraviesan madres, padres y cuidadores. “Hay familias que sufren día a día la convivencia 24/7. En su mayoría madres, dedicadas full-time que ven deteriorada su vida social y laboral, quedando aisladas y afectadas en su salud mental”, sostuvo.
Avelleira cuestionó además la tendencia a romantizar el autismo desde algunos discursos ligados a la neurodiversidad y las redes sociales. “El autismo es un trastorno del neurodesarrollo, al menos hasta hoy según el DSM-5”, explicó, y advirtió sobre los riesgos de invisibilizar a quienes requieren apoyos permanentes.
“Se está poniendo en la misma bolsa a personas con autonomía y a personas con alto nivel de dependencia”, agregó.
Finalmente, señaló que uno de los principales desafíos hacia adelante tiene que ver con el desarrollo de políticas públicas específicas para personas con apoyos muy sustanciales y para sus familias.
“Hoy prácticamente no existen dispositivos que puedan contener a jóvenes adultos con autismo cuando la familia ya no puede sostenerlos. Eso requiere una intervención urgente del Estado”, concluyó.
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